30 de septiembre de 2010

29 de Septiembre al final me alegro de haber ido a trabajar

Hoy en España se había convocado un día de huelga general por los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO.
Yo he ido a trabajar porque creo de que las reformas contra las que se convoca la huelga pese a ser duras para el trabajador habrán sido adoptadas de forma irremediable por el actual gobierno de izquierdas que de no verse obligado no hubiera adoptado.

Los sindicatos no me habían convencido. Estuvo a punto de hacerlo Juan José Millás cuando habló en la ventana. Él hablaba del desánimo aparente de los sindicalistas ante la huelga y él sentía (cómo yo) que ir a una huelga es cómo cuando se va a votar, un día de fiesta, un día en el que disfrutas de tu derecho de huelga y lo airéas para que, contra quien te manifiestas sepa de tu opinión, de la opinión de la masa que está haciendo huelga.
Pero no me habían convencido los sindicatos antes de hoy y por lo que he podido ver a partir de hoy tienen aún menos credibilidad para mí.
Aunque a los únicos sindicalistas que he visto cara a cara esta mañana actuaban realmente como informadores, lo que he podido ver en YouTube y las noticias es que muchos han utilizado la coacción y en algunos casos la violencia.
Los datos que manejen los sindicatos están podridos porque muchos trabajadores no han trabajado no porque competieran las ideas de los huelguistas sino por miedo o porque se lo han impedido.

Quiero aprovechar para felicitar y agradecer a muchos otros sindicalistas su dedicación y empeño en la defensa de los intereses de los demás trabajadores. Porque hay muchos que gastan su tiempo en ayudar a los demás, y en luchar por ventajas de las que luego disfrutamos todos.

Pero mi desprecio para aquellos que obligan o agreden o impiden trabajar a los que quieren hacerlo.
También ha habido trabajadores que se han sentido obligados a ir a trabajar a pesar de querer hacer huelga, ya sea por necesidades económicas o por mido a perder su trabajo.
Pero la violencia de los huelguistas es tan injustificable cómo la coacción del empresario.

Si esta huelga hubiera sido una fiesta, me hubiera sentido avergonzado de no haber participado. Después de ver cómo ha sido, estoy satisfecho por no haber hecho huelga y aún menos credibilidad tienen para mí los sindicatos.
Piquetes coactivos pero no violentos
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