12 de noviembre de 2009

Mi padre consiguió la mejor graná del mundo

El domingo pasado mi padre decidió ir a recoger las granás de la huerta para repartirlas entre sus hijos y nueras antes de que los malos se las lleven.

El sistema de recogida no es fácil, los granaos son arboles que cómo los naranjos o limones o espinos, tiene espinas, y además son árboles altos. Total que para coger las mejores granás hay que subirse a una escalera de palo y cogerlas con la mano una a una.

Pues en esto estaba el abuelo Joaquin, con sus 62 años al hombro , en lo alto de la escalera cuando ya había cogido las granás más bajitas, de pronto, según me contaba unas horas después en el hospital de Cabra, se abrieron las ramas y entre ellas pasó un rayo de sol que le iluminó la frente, al alzar la vista vio la graná más bonita que jamás se haya colgao en un terrao. Era gorda, mu gorda, era rubia por un lado, rubia como una sirena, por el otro rojiza, como los mofletes coloraos de una gorda al sol.
Era según decía el abuelo, la mejorgraná del mundo. Pero estaba muy alta.
La boca se le hacía agua, pensando en unas migas con graná. Así que sin pensárselo se subió a lo más alto de los 4 metros de escalera de palo, pero aún así faltaba un poquito más.

Se sacó la camisa del pantalón , se puso de puntillas en el palo de la escalera, estiró los brazos, casi llegaba, se estiró un poquito más hasta que con la uña del deo le rascaba en el culo de la graná, pero faltaba un poquito más, que no llego, decía, qué poquito me quea, ya eres mía,
Cuando de pronto se le tronchó una rama y calló de los 4 metros de alto, pinchando la frente en el suelo y partiéndose el brazo.
Un hostión de campeonato.
Pero las granás que cogió no se las iban a llevar los malos ahora que las tenía en una canasta. Así que la arrastró como pudo hasta el coche. Se medio lavó la cara en el agua de la acequia para ver si había perdido parte del craneo, se sentó para aliviar la descomposión de vientre que le entró y se fué pal pueblo en primera, porque no podía cambiar las marchas.

Cuando en el hospital la doctora lo escuchaba contar esto, se pensaba que tenía siete derrames, de todas las tonterías que decía. Pero lo que tenía encima es que no se ha visto en otra igual.
Es que don Joaquin ha dado muchas ostias de maestro, pero él no se había pegado todavía ninguna.

Resultado: Fractura de radio, brazo escayolao un mes.
El abuelo Joaquin con el brazo roto.
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