1 de marzo de 2009

Las Albarcas de nuestros abuelos. (Publicado en Camuesa.es)

Las Albarcas de nuestros abuelos.

Esto es una entrada escrita por Miguel Lopez (Milogo) a la que Keny ha puesto las fotos y el vídeo.

Las fotos y el vídeo son de unas albarcas usadas en Carcabuey por los años en que Miguel era un niño. Se puede apreciar el descaste en el talón, los agujeros por los que se pasaban las cuardas que hacían de cordoes, y las piezas metálicas que servían para unir las piezas. La suela es parte de una cámara de la rueda de una moto, donde se metía el pié liado en tela (peales).

Algunas fotos más de las mismas Albarcas de Carcabuey

En este texto Miguel nos cuenta su experiencia con sus albarcas allá por los años 50.

“Sentado en la silla baja de anea voy envolviendo mis pies, con los peales que ha sacado mi madre de una sabana bajera de musolina, (ya sé que para entender todo esto hay que vivir en Carcabuey en los años 50), la verdad es que a este pie le haría falta un lavao, pero como está ocupado el barreño que usamos para estos menesteres, le echo una mirada al cántaro del agua y sigo envolviendo mis pies: Después de esto me coloco las albarcas, que voy a estrenar hoy, pues mi hermano mayor se encontró una cubierta de camioneta, tirada al borde de la carretera de Rute y con ella han salido dos pares de albarcas.

La verdad es que aquí en mi casa se hace casi de todo, pues hoy me voy a por leña a la Luca, pero mañana iremos a poner trampas mi hermano el de en medio y yo y también las hizo mi hermano mayor, estas trampas con alambre que compraron en la tienda entre un vecino y el, así están dos para pagar y para trabajar, con lo que las cosas les sale más barata.

Bueno pues colocadas las albarcas, atadas con cuerdas sobre los peales, me cojo una talega que me ha preparado mi madre, con un poco de queso y un poco de pan y me voy hacia la Luca, con mi cuerda al hombro, preparao para buscar leña.

Subo la Cuesta Malagón con cierta dificultad, pues a las albarcas les sobran como 5 cm. por delante y otros tantos por detrás, pero consigo subir hasta la cumbre y después de ver alguna víbora y algún que otro esparrago triguero, voy juntando leña de las matas secas, que no hace falta mucha fuerza para romperlas, pues mis nueve años y el no comer mucho ni bien, hacen que mi fuerza no sea mucha, aunque voluntad toda.

Con la pañeta bien atada (bueno eso es lo que escribo yo pero la verdad es que a medio camino se me aflojó), empiezo a bajar la cuesta y la verdad es que con el peso a las espaldas y el tipo de calzado se cogía una velocidad un poco difícil de controlar, quizás sería porque las albarcas querían recordar su origen y querían ir a la velocidad que estaban acostumbradas.

Un año después mi padre me llevó a un zapatero para que me tomase medidas y me hiciera unas botas. Este tenía el taller cerca de la Placetilla al lado de un albardonero que había junto a Frasquito el panadero. A partir de ahí yo como un hombre con mis botas nuevas (después de dos pruebas, como si fuera un traje) y mis tachuelas, bajaba ya por el pontón tintineando mis botas sobre el empredado.

Por entonces faltaban 6 años para que Federico Martin Bahamontes ganase el tour de Francia. Uno de los chiste de la época era que Franco le regaló un coche y le dijo tu eres el águila de Toledo y el ciclista le contestó y tu el mochuelo del Pardo.”

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