21 de febrero de 2008

La primera historia de Miguel, mi paisano: Follandillo para Follasque.

Gracias a este blog he descubierto a blogueros estupendos. Como Vade Voz, Rosa, y hace poco a Miguel.

Gracias a que Miguel me escribió un correo hemos podido escribirnos en varias ocasiones. Miguel es un tipo encantador y un enamorado de su pueblo, que es el mío: Carcabuey. Miguel ya peina canas y ha accedido a contarme algunas historias de su infancia en Carcabuey.

Pondré algunas de las que me ha contado por aquí, con estas historias he aprendido que no hace mucho los niños empezaban a trabajar muy pronto y que se pasaba hambre en casi todas las casas. Esta es la primera historia, él la cuenta cada vez que se reúne con amigos

Miguel trabajó para Follasque como Follador de Fuelle.

Cada vez que entra alguien nuevo a la oficina donde trabajo me hacen repetir la misma historia. Por tanto parece que les gusta. Desde luego es real como la vida misma.

Yo nací en un pueblo de la provincia de Córdoba, llamado Carcabuey, y a la edad de 7 años ya estaba trabajando (claro que era la postguerra), si haciendo lo poco que podía hacer un niño de 7 años, guardar pavos. Como veía que los pavos se montaban encima de las pavas, los conejos encima de las conejas y los gallos encima de las gallinas. Yo como niño en cuanto tuve ocasión hice lo mismo con una niña, ponerme encima y hacer los movimientos que hacia el pavo.

Con estos antecedentes no es de extrañar que a los ocho años estuviese trabajando de “follador”, pues si, mientras que guardando pavos no me pagaban sueldo, y solo me ganaba la comida de follador me pagaban 30 pesetas al mes (año 1952).

Mi primer día de trabajo fue un poco duro, ya que yo no sabía por donde empezar ni como hacerlo, mi jefe me explico con detalle lo que tenía que hacer.

-Tu te subes en estas maderas me dijo señalando unos tacos que levantaban unos 20 centímetros del suelo, levantas las manos hacia arriba y agarras fuerte uno con cada una y ahora no tienes que hacer mas que pa dentro pa fuera.

A los dos días yo follaba como el primero, aunque a veces decían que no llevaba bien el compás y que esto se podía arreglar cantado un poco mientras lo hacia, y me fue bien, tanto que querían que hiciera cosas nuevas, y el jefe me dijo que tenia que ayudarle a abrir agujeros. Así lo hice y me pasaba el día follando y abriendo agujeros, menos un rato que parábamos para comer y que yo también aprovechaba para jugar.

Como os noto un poco calientes, cuadrilla de pervertidos os diré para quien trabajaba, por aquel entonces. Mi jefe era follasque un herrero que tenia el taller a las afuras como todas las herrerías que estaban en la entrada de los pueblos donde dejaban los aperos los cortijeros para que se los arreglase, mientras que ellos hacían las compras en el pueblo.

Ya por aquel entonces otros herreros tenían un motor para soplar la fragua, como era el caso de un herrero que tenia el taller por la calle capitán y que tocaba el clarinete.

Pero follasque tenia dos pequeños fuelles, que a mi se me hacían grandísimos, con los que mantenía avivado el fuego de la fragua.

Para vuestra aclaración os diré que follar es soplar el fuelle.

Y que le ayudaba a mi jefe para hacer los agujeros girando un volante que tenia un demultiplicador que hacia que la broca diese 30 o 40 giros por cada un que yo le daba al volante.

Otro día os contare mas cosas de mi pueblo, de aquellos años.

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