25 de octubre de 2007

Todos a Tenerife pero cada uno a su manera.

Esta semana he estado por Tenerife, de hecho escribo desde el aeropuerto de Tenerife Norte. Esta mañana vi en el periódico una foto similar a esta. Resulta que ayer nos paseó mi amigo Germán, a Chema y a mí por la playa del Inglés y paseándonos por las dunas me acordé que de vez en cuando llegan cayucos a estas costas.


Nosotros llegamos a la isla con los gastos pagados, con dinero en la cartera, con el móvil, con el ordenador portátil, con la nómina, con el billete de vuelta, sabiendo que dormiríamos en una buena cama y que comeríamos lo que quisiéramos.

Ellos llegan después de pasar unos días en el cayuco en el que no habrán podido estirar las piernas durante todo el viaje, pasando mucho frío, mucho miedo y sin saber ni a donde llegarían. Supongo que no sabrían ni nadar y me imagino lo mucho que les habrá costado pagar lo que les haya costado el viaje. Por suerte llegaron a la costa, porque algunos otros, muchos, mueren en mitad del mar.

Leí en la prensa el otro día que a más inmigrantes necesitamos para que España pueda seguir con este crecimiento económico. Pero a estos pobres les montarán en un avión y los plantarán en Africa de nuevo. No quisiera nunca tener que vérmelas como se las han visto, y se las van a tener que ver ellos.

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